El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami

Este es el primer libro que se publica en castellano de Hiromi Kawakami, escritora japonesa de 51 años, nacida en Tokio y que en 1994 inició su carrera literaria ganando en 1996 el premio Akutagawa. Acantilado ya tiene dos títulos más traducidos que prometen estar a la altura de este.

El cielo es azul, la tierra blanca, cuyo subtítulo es Una historia de amor es un texto ligero y sutil pero con una gran carga emocional que se esconde detrás de cada pequeño gesto y palabra de sus dos protagonistas. Suscribo en este caso la frase de Leonardo da Vinci, “La simplicidad es la mayor sofisticación” ya que nos encontramos ante un relato simple en la forma y de gran elegancia y sofisticación en su resultado.

Nos asombra la sencillez y la contención de este libro que llega a rozar la frialdad. Así pues, es esta una historia de amor sin aditivos ni edulcorantes, desnuda de sentimientos en la superficie, pero cargada de ellos en el fondo. ¿Y cómo puede una historia de amor no hablar de sentimientos? La autora en este caso lo consigue a través de una escritura esencial y limpia en la que los gestos y las intenciones sustituyen a las emociones.

La historia de amor entre Tsukiko, una mujer solitaria de 38 años con una experiencia muy pobre en el amor, y su viejo maestro de japonés de casi 70 años es una historia tan poco convencional como auténtica, que nos muestra como el amor puede ser compartir la soledad. Tsukiko y su maestro se encuentran por casualidad en una típica taberna japonesa. A partir de aquí sus reencuentros para compartir en silencio cenas, botellas de sake y paseos empiezan a sucederse sin que sepamos muy bien a dónde va a ir a parar esta historia o si realmente llegará a algo.

Y así lo narra Tsukiko: ” El maestro y yo no nos hablábamos. Eso no significa que no nos viéramos. Nos encontrábamos  de vez en cuando en la taberna de siempre, pero no nos dirigíamos la palabra. Entrábamos, nos buscábamos con el rabillo del ojo y simulábamos no habernos visto. Yo fingía no conocerlo, y él hacía lo mismo”.

Lo chocante de esta historia se convierte en algo tan aparentemente normal que el lector no puede más que dejarse seducir por su tono liviano y por la poco convencional relación entre sus Tsukiko y su maestro que se aman en silencio. Son dos almas solitarias que comparten su soledad en una breve pero auténtica y bella historia de amor, al más puro estilo japonés de contención y buenas formas.

Sake, tofu y cerezos en flor como atrezzo de esta pasión contenida y conmovedora.

Este texto demuestra que “menos es más” y que a veces es mejor quitar que poner cuando se trata de palabras para hablar de amor.

Y así lo explica Tsukiko cuando se reencontró con su maestro. “Supongo que no perdimos el contacto porque teníamos demasiadas cosas en común. No solo nos gustaban los mismos aperitivos, sino que también estábamos de acuerdo en la distancia que dos personas deben mantener. Nos separaban unos 30 años, pero con él me sentía más a gusto que con algunos compañeros de mi edad”.

Os aconsejo leer este libro si os emocionan las historias sutiles que no se empalagan de sentimientos, pero que dejan traslucir en la sencillez de su escritura toda la belleza de una historia de amor que en sí misma es todo un reto.

Acantilado 2011

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